
Esta corriente entiende la construcción de conocimientos como un proceso social, alejándose totalmente de la perspectiva objetivista que ha predominado en las ciencias durante largos años, plantea la existencia de tantas realidades como sujetos existentes las cuales son creadas en un proceso conjunto de co-construcción otorgando significaciones que terminan en un conglomerado de representaciones sociales, la importancia del lenguaje impera en esta elaboración. Lo mismo ocurre con el significado de las experiencias, que si bien son irreproducibles entre personas (es decir, las experiencias son diferentes entre un sujeto y otro) el concepto de intersubjetividad permite responder al mundo común existente entre los significados y perspectivas similares compartidos por un grupo que acceden a poder interactuar y comunicar. Este mundo común se traduce en un continuo ajuste de las perspectivas similares de los sujetos, siendo este dinamismo utilizado como una vía instrumental para la interacción de las personas, por lo tanto la intersubjetividad es inherente a la vida, es una realidad que se encuentra entre los individuos y las instituciones, o entre individuo e individuo, o entre colectividad y colectividad, etc., es decir, corresponde a un conjunto “de símbolos, de significados y sentidos procesándose, y que no pertenece a nadie pero que protagonizan todos los que pertenecen a ella, y cuyo objeto es en primera y última instancia la colectividad” (Fernández, 1994 p.51), es el sentido que lleva a hablar en cierta medida de un sentido común y que permite entenderse dentro de un colectivo, con lo que se conforma a la vez, una estructura tríadica. Es así también como esta estructura se encuentra inserta dentro de un universo simbólico, el cual es la matriz de todos los significados objetivados socialmente y subjetivamente reales, al interior de este ocurre la sociedad histórica, la biografía de un individuo y situaciones marginales (entendidas de esta forma porque son particularmente vivenciadas por el sujeto, por ende, no se incluyen en la realidad de la existencia cotidiana en la sociedad), estos universos simbólicos son productos sociales llenos de historia, de presente y de futuro los cuales forman una mixtura coherente (Berger y Luckman, 2001).